“Granujas de medio pelo”, como los definió Woody Allen en su película, aunque me temo que sus “granujas” eran mucho más simpáticos y bastante menos dañinos.
Los granujas a los que yo me referiré nos rodean, se aprovechan de nuestra buena fe, de nuestra falta de tiempo para analizar las cosas que se han ido cotidianizando poco a poco como esas, a veces, insustituibles redes sociales, entre ellas Facebook que nos conoce al dedillo. Todos dejamos huellas rastreables en la red, millones de datos que se van estratificando en el subsuelo virtual y que permanecen allí para gozo de la llamada data mining (minería de datos) que los extrae asociando la dirección IP con nuestra identidad… y ya está liada: aceptamos términos de uso –sin leerlos, para qué engañarnos- y nos ahogan en publicidad. Resumiendo: venden nuestros datos –que damos gratuitamente a cambio de pertenecer a cualquier red social- y las empresas publicitarias nos inundan con anuncios personalizados. Gran negocio, vive dios.
¿Y qué decir de esas grandes empresas que parecen “regalar” sus productos o servicios? Se anuncian –sobre todo en televisión- como chollos únicos e impensables en grandes letras luminosas y coloridas: conexiones a Internet por 20 € al mes a una velocidad vertiginosa, seguros y reaseguros increíblemente baratos, automóviles con unas mensualidades de risa… y picamos, claro que picamos y nunca mejor dicho, porque nuestra memoria parece ser la de un pez: una y otra vez ignoramos esas letras diminutas que salen a velocidad vertiginosa en la parte baja del televisor… claro que aunque quisiéramos leerlas sería tarea inútil. Estas letrillas enanas no están puestas para que las leamos sino para cubrirse las espaldas en cuestiones legales, así, a la hora de reclamar el dolo, siempre pueden decir tranquilamente: “ya lo advertimos en la publicidad”. Ya te digo!!!
Claro que siempre tenemos la opción de pedir información detallada de lo ofertado llamando al número de teléfono que nunca se olvidan de colocar bien visible y que, fíjate qué casualidad, siempre empiezan con los mismos números, 902, que nos indican tres cosas: que no es gratis ni barato, es decir, la llamada nos saldrá por un buen pico; que son unos sinvergüenzas porque ganan dinero incluso antes de venderte el producto; y que parecen creer que somos imbéciles.
Y la reina de todos estos tejemanejes es, sin duda, esa gran empresa de telefonía que nos ha acompañando siempre. Esa que, a pesar de tener ganancias millonarias, pone a cientos de trabajadores en la calle. Esa que nunca cumple las condiciones de sus contratos y cuando vas a reclamar te dan un número gratuito, pero no te confíes, es sólo un espejismo tanta generosidad: en menos de un minuto te desvían a un operador en Sudamérica que te dice que para solventar el problema has de llamar -¿lo has adivinado?- a un… 902.
Claro que las eléctricas no se quedan atrás. En dos años –desde el 2008-, han incrementado sus precios más de un 50%, es decir que hoy pagamos 233 € anuales más que en el 2007. Son unos sinvergüenzas por su carencia de sentido común –con el beneplácito de los políticos de turno, claro-, por su falta de solidaridad con los clientes forzosos (que estamos padeciendo una crisis creada por ellos: las grandes empresas), por su empeño en hacernos creer que el mercado de las eléctricas no es un monopolio (¿quién se va a creer que entre IBERDROLA y FENOSA no hay acuerdo para tarifar?) y, sobre todo, por el plan de modificar las condiciones del TUR (tarifa de último recurso) cuyas consecuencias serían demoledoras para miles de familias con ingresos exiguos. Pero, sin duda, lo que más enerva es que en un momento difícil en el que miles de autónomos tienen que cerrar y miles de trabajadores se enfrentan a EREs no muy claros, las eléctricas compatibilizan, sin sonrojarse, las enormes subidas con ganancias, limpias de polvo y paja, de casi 2.300 millones de Euros en 2010. Estoy pensando muy seriamente pasar del microondas y volver al quinqué de aceite, te lo juro.
Así que entre estas empresas que se comportan como buitres leonados, los políticos, la banca feroz, las meteduras de pata en Europa, y que ya sólo faltaba que nos tocaran los pepinos… ¿Alguien se pregunta todavía porque están indignados los ciudadanos???
Nos vemos… en cualquier plaza bajo una pancarta.
domingo, 19 de junio de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
A QUIENES NI VIVEN NI DEJAN VIVIR
Permitidme un desahogo, porque si hay algo que no me gusta son los juicios sumarísimos e inquisitoriales a personas de a pie, a aquellos con los que nos encontramos un día sí y otro también en la calle o en el Súper, aquellos con los que trabajamos y a los que llamamos, o nos llaman, “amigos”.
El único juicio a priori que he hecho en mi vida ha sido siguiendo esta máxima: todo el mundo es bueno hasta que demuestra lo contrario… y así seguiré pensando a pesar de todos los varapalos que quieran darme.
Como mejor aprendemos es de nuestros propios errores, sin embargo esto no puedo aplicarlo a las personas que van pasando por mi vida y para ello existe un argumento muy razonable: cada uno somos un mundo inexplorado a descubrir y generalizar sería incurrir en un grave e injusto error.
Por eso ¡cuántas decepciones y heridas de zarpazos rastreros, de esos lobos con piel de cordero, esos modositos y modositas con voz melosa y gutural que se creen con el derecho de juzgarme al primer vistazo!!
Megalómanos y mentirosos compulsivos que arrasan con todo lo que no sea ellos mismos y sus circunstancias, acabando con amistades y amargando vidas.
Se han acostumbrado a rodearse de personas débiles a las que dicen querer y a las que solo utilizan para sus oscuros fines, pero cuando alguien en su entorno no se doblega a sus absurdos caprichos, lo alejan de sí y de todos cuantos dominan, estigmatizándolo para siempre.
No aceptan que se les ignore y siguen tras uno como ese tufo insoportable a leche agria que no se despega de la ropa. Pican y pican como un tábano buscando, quizá, transformarnos en alguien tan rastrero como ellos mismos.
No ven, o no quieren ver que, despacio pero sin pausa, la soledad los va rodeando y el amor –ese péndulo caprichoso que va y viene- se transforma en odio o indiferencia.
Carecen de amigos y compañeros porque no saben serlo y sólo tienen peones con ojos vendados a los que roban su dignidad y que se dejan mover hasta que la venda cae al suelo y se alejan lo más rápido posible del dominador.
Tiene que ser agotador mantener esta vida continuamente: confabulando, convenciendo, intentando subir pasando por encima de aquellos que les dan su confianza, manteniendo el estatus de víctima incomprendida y chantajeando emocionalmente a cuantos les rodean. Pero creo que lo que más les fastidia es el saber que aquellos a los que no pueden manejar somos felices, y eso a pesar de todas sus zancadillas y de las que nos ha ido poniendo la vida. Les enerva ver como nos levantamos sonriendo, superando nuestras frustraciones sin descargarlas en los hombros de los más débiles. Y les reconcome porque, a pesar de tenerlo casi todo, no saber ser felices: siempre preocupados por descubrir la paja en el ojo ajeno se olvidan de sacar la viga del propio.
Ellos, que se creían poseedores de la verdad absoluta, se van dando cuenta de que tal cosa no existe, que las verdades –en plural- son muy subjetivas y hay que tratarlas con un mínimo de respeto a todas.
Son tan orgullosos que no se dignan reconocer que son humanos y, como tales, tarde o temprano necesitarán ayuda.
“Mala gente que camina y va apestando la tierra” dijo el maestro Machado y aunque les pese son dignos de lástima. Dan pena porque nunca sabrán que es tener un amigo, porque nunca estarán seguros de cuando alguien los quiere sin condición y porque cuando tengan un hijo y lo eduquen en sus valores egoístas de utilismo, acabarán siendo apartados por esa misma razón: no servirán para nada porque en la vida siempre otros hicieron todo por ellos.
Me dan pena y me siento agradecida. Les doy las gracias por haberme hecho más fuerte y más sabia, porque sé que no los necesito, porque en el fondo nos envidian y porque me han hecho valorar mucho más todo lo que tengo, todos mis privilegios: esos amigos de verdad que siempre están ahí y que acuden, como la sangre, a taponar heridas, todo el amor que me rodea y la seguridad en mí misma de la que ellos carecen.
Nos alejan de su lado porque saben que nunca estarán a nuestra altura, ya que el peso de sus conciencias no les permite llevar la cabeza alta por mucho que estiren el cuello… y es que hay que mirar de frente, no por encima del hombro.
Los he tenido a mi lado y he aprendido a desembarazarme de ellos con una sacudida, como hacen los perros con las pulgas y, aunque será inevitable que os metáis en mi camino, sabré apartaros con indiferencia.
El único juicio a priori que he hecho en mi vida ha sido siguiendo esta máxima: todo el mundo es bueno hasta que demuestra lo contrario… y así seguiré pensando a pesar de todos los varapalos que quieran darme.
Como mejor aprendemos es de nuestros propios errores, sin embargo esto no puedo aplicarlo a las personas que van pasando por mi vida y para ello existe un argumento muy razonable: cada uno somos un mundo inexplorado a descubrir y generalizar sería incurrir en un grave e injusto error.
Por eso ¡cuántas decepciones y heridas de zarpazos rastreros, de esos lobos con piel de cordero, esos modositos y modositas con voz melosa y gutural que se creen con el derecho de juzgarme al primer vistazo!!
Megalómanos y mentirosos compulsivos que arrasan con todo lo que no sea ellos mismos y sus circunstancias, acabando con amistades y amargando vidas.
Se han acostumbrado a rodearse de personas débiles a las que dicen querer y a las que solo utilizan para sus oscuros fines, pero cuando alguien en su entorno no se doblega a sus absurdos caprichos, lo alejan de sí y de todos cuantos dominan, estigmatizándolo para siempre.
No aceptan que se les ignore y siguen tras uno como ese tufo insoportable a leche agria que no se despega de la ropa. Pican y pican como un tábano buscando, quizá, transformarnos en alguien tan rastrero como ellos mismos.
No ven, o no quieren ver que, despacio pero sin pausa, la soledad los va rodeando y el amor –ese péndulo caprichoso que va y viene- se transforma en odio o indiferencia.
Carecen de amigos y compañeros porque no saben serlo y sólo tienen peones con ojos vendados a los que roban su dignidad y que se dejan mover hasta que la venda cae al suelo y se alejan lo más rápido posible del dominador.
Tiene que ser agotador mantener esta vida continuamente: confabulando, convenciendo, intentando subir pasando por encima de aquellos que les dan su confianza, manteniendo el estatus de víctima incomprendida y chantajeando emocionalmente a cuantos les rodean. Pero creo que lo que más les fastidia es el saber que aquellos a los que no pueden manejar somos felices, y eso a pesar de todas sus zancadillas y de las que nos ha ido poniendo la vida. Les enerva ver como nos levantamos sonriendo, superando nuestras frustraciones sin descargarlas en los hombros de los más débiles. Y les reconcome porque, a pesar de tenerlo casi todo, no saber ser felices: siempre preocupados por descubrir la paja en el ojo ajeno se olvidan de sacar la viga del propio.
Ellos, que se creían poseedores de la verdad absoluta, se van dando cuenta de que tal cosa no existe, que las verdades –en plural- son muy subjetivas y hay que tratarlas con un mínimo de respeto a todas.
Son tan orgullosos que no se dignan reconocer que son humanos y, como tales, tarde o temprano necesitarán ayuda.
“Mala gente que camina y va apestando la tierra” dijo el maestro Machado y aunque les pese son dignos de lástima. Dan pena porque nunca sabrán que es tener un amigo, porque nunca estarán seguros de cuando alguien los quiere sin condición y porque cuando tengan un hijo y lo eduquen en sus valores egoístas de utilismo, acabarán siendo apartados por esa misma razón: no servirán para nada porque en la vida siempre otros hicieron todo por ellos.
Me dan pena y me siento agradecida. Les doy las gracias por haberme hecho más fuerte y más sabia, porque sé que no los necesito, porque en el fondo nos envidian y porque me han hecho valorar mucho más todo lo que tengo, todos mis privilegios: esos amigos de verdad que siempre están ahí y que acuden, como la sangre, a taponar heridas, todo el amor que me rodea y la seguridad en mí misma de la que ellos carecen.
Nos alejan de su lado porque saben que nunca estarán a nuestra altura, ya que el peso de sus conciencias no les permite llevar la cabeza alta por mucho que estiren el cuello… y es que hay que mirar de frente, no por encima del hombro.
Los he tenido a mi lado y he aprendido a desembarazarme de ellos con una sacudida, como hacen los perros con las pulgas y, aunque será inevitable que os metáis en mi camino, sabré apartaros con indiferencia.
domingo, 17 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
El burka cubre algo más que a las mujeres.

Todo aquel que me conoce sabe de qué pie cojeo y que soy bastante anárquica. Voy dando bandazos por la vida siempre fiel a la lógica y a mi forma de razonar. Quien tiene razón, la tiene y punto. Admiro a personajes tan dispares como Teresa de Cepeda (Sta. Teresa de Jesús para los católicos), Dolores Ibárruri (la Pasionaria), Agnes Gonxha Bojaxhiu (Madre Teresa de Calcuta) o Rigoberta Menchú. Todas ellas mujeres y todas ellas con algo en común: luchadoras hasta desfallecer, aportando todo de sí mismas y alzando la voz por aquellos que no podían ni susurrar. Cada una en su tiempo y cada una con sus convicciones, pero todas una al fin y al cabo.
Este preámbulo seudofeminista viene a cuento del tan traído, llevado y mal llamado burka. En realidad nos estamos refiriendo al “burka afgano” o chador que cubre el cuerpo y la cara por completo, permitiendo ver a través de una rejilla de tela colocada a la altura de los ojos.
A todos los politiquillos de turno –que se nos han hecho, de repente, defensores a ultranza de los derechos de la mujer-, se les llena la boca con la permisión o prohibición del chador en lugares públicos. Me daría la risa si no fuera tan terrible para tantas mujeres:
Por un lado el PP a favor de la prohibición (quizá la prohibición supondría el que esas mujeres no salieran nunca de casa), por otro lado, el gobierno… no sabe, no contesta y espera a ver para donde sopla el viento, y para rematar la jugada, el Consejo Europeo se opone a la prohibición porque lo considera una elección de la mujer.
Seamos serios señores, que cobran una pasta gansa por pensar un poquito: ¿de verdad creen que si una mujer tuviera elección se decantaría por perder su identidad bajo una cortina que a la larga la dejará ciega? Me parece que nadie en el Consejo Europeo se ha puesto un chador. La causa se ve desde una subjetividad social etnocéntrica que carece por completo de empatía… y así nos va con todo: en vez de atacar la raíz, con podar vale.
Se mete en el mismo saco el velo que cubre la cabeza de la mujer, que por cierto estuvo vigente en la religión católica hasta hace muy poco (de origen bíblico: Epístola de San Pablo a los Corintios y cuyas reminiscencias podemos ver en los velos de las novias y las mantillas), que la cárcel a la que condenan los talibanes a las mujeres. Nos quieren hacer creer que el Corán es siniestro, malvado y nada más lejos de la realidad. El desconocimiento del otro es lo que nos aterroriza y el desconocimiento de occidente aterroriza al otro. (“ Guerra santa" es una mala traducción (intencionada tal vez ¿?) del árabe "jihad", que quiere decir "esfuerzo", el esfuerzo prescrito en el Corán que hacen los musulmanes por enseñar la Fe de Mahoma de forma pacífica. Ni mucho menos hace alusión a la conversión forzosa mediante la violencia; de hecho, Mahoma legitimó la violencia con fines exclusivamente defensivos, en ningún caso ofensivos, el derecho a defenderse, que, por otro lado, constituye un derecho tan natural como el derecho a la vida.)
Cuando alzan su voz contra el velo musulmán o el burka afgano, no se piensa en la mujer, se piensa en una guerra que es muy lucrativa y que interesa mantener: oriente contra occidente… demasiado dinero en juego como para no fomentar odios entre los pueblos.
Yo, personalmente, no profeso ninguna religión, no creo en ningún dios, pero pido respeto para los religiosos y respetos para los que no lo somos.
España ya no es católica desde que se aprobó la Constitución, hay otras siete religiones más de gran arraigo en nuestro país: Musulmana, Judía, Protestante, Evangélicos, Mormones, Testigos de Jehová y Budistas, y todos merecen el mismo respeto porque estoy segura de que todos aman a su dios. (Por favor, no confundir religión con nacionalidad: un español puede ser budista y un japonés cristiano, a ver si no desembocamos en xenofobias gratuitas). Bienvenida sea, pues, la Ley de Libertad Religiosa para que pueda existir un Estado laico, que cada uno en su templo y su casa rece al dios que tenga en su corazón y vamos a dejarnos de guerras santas, que todas las religiones están cimentadas en el amor, y las guerras, por muy santas que sean siempre encubren un motivo basado en algún interés económico o geopolítico.
Si quieres informarte mejor, puedes leer el borrador de la ley en este enlace:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/crucifijos/funerales/catolicos/elpepusoc/20100613elpepisoc_2/Tes y lo recomiendo porque me parece el más objetivo.
Nos vemos.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Criminalización del movimiento social mapuche
Diversas organizaciones mapuches han denunciado vigorosamente la criminalización de su lucha social. Junto con esta escalación, han sido denunciados ataques a menores de edad en las comunidades mapuches. El 30 de octubre del año 2007, el menor de 13 años Patricio Queipul Millanao resultó herido en el tórax por al menos seis municiones de Carabineros, quienes dispararon sus escopetas antimotines.8 Este hecho se suma al de Daniela Ñancupil, de 13 años, baleada en extrañas circunstancias por carabineros, en enero de 2001,9 y luego, en 2002, fue secuestrada e interrogada por sujetos de civil, quienes la vendaron y la amenazaron para que desistiera de sus acciones legales.10
Las demandas de los mapuche están ligadas a la recuperación de los territorios de los que afirman ser herederos ancestrales. Se autodenominan presos políticos aquellos mapuches que han sido juzgados y condenados mediante la Ley Antiterrorista creada durante la dictadura de Augusto Pinochet, que endurece las penas correspondientes a delitos comunes, cuando se configura el tipo de terrorismo (en particular el delito de incendio, que puede alcanzar a 10 años de cárcel al aplicársele la legislación antiterrorista). (Fuente: Wikipedia)
Las demandas de los mapuche están ligadas a la recuperación de los territorios de los que afirman ser herederos ancestrales. Se autodenominan presos políticos aquellos mapuches que han sido juzgados y condenados mediante la Ley Antiterrorista creada durante la dictadura de Augusto Pinochet, que endurece las penas correspondientes a delitos comunes, cuando se configura el tipo de terrorismo (en particular el delito de incendio, que puede alcanzar a 10 años de cárcel al aplicársele la legislación antiterrorista). (Fuente: Wikipedia)
miércoles, 25 de agosto de 2010
ELLOS HACEN LA LEY.... SU LEY.
Nosotros somos más.
En la antigua Grecia se propuso que los esclavos vistieran todos iguales, con un ropaje que los diferenciara de los ciudadanos libres.
Al final esa ley se derogó. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que si los esclavos tomaban conciencia de su número se revelarían sin dudarlo: haciendo visible la distinción se darían cuenta de que eran mayoría.
Es la hora de darnos cuenta de nuestra superioridad numérica.
No hay dinero para pagar a los parados, ni a los jubilados ni ayudas para nadie... excepto para sus astronómicos sueldos vitalicios.
QLD (Que les den).
500 000 Firmas para que una ley prohiba a los politicos sus sueldos vitalicios
Si quieres que todos seamos iguales entra y firma en:
https://spreadsheets.google.com/formResponse?formkey=dHJsUF95STNoa2VLUVFCbjN3TUh6SEE6MA&theme=0AX42CRMsmRFbUy1kN2NjY2Y0Mi1iYWFmLTQxMWMtYjM0NC04NmZmYTIwZDRkMGQ&ifq
En la antigua Grecia se propuso que los esclavos vistieran todos iguales, con un ropaje que los diferenciara de los ciudadanos libres.
Al final esa ley se derogó. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que si los esclavos tomaban conciencia de su número se revelarían sin dudarlo: haciendo visible la distinción se darían cuenta de que eran mayoría.
Es la hora de darnos cuenta de nuestra superioridad numérica.
No hay dinero para pagar a los parados, ni a los jubilados ni ayudas para nadie... excepto para sus astronómicos sueldos vitalicios.
QLD (Que les den).
500 000 Firmas para que una ley prohiba a los politicos sus sueldos vitalicios
Si quieres que todos seamos iguales entra y firma en:
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